sábado, 13 de agosto de 2011

Porque es el único lugar donde no puedes leerme...

Te amo...en serio que si y no tienes la menor idea de cuan grande es este sentimiento por ti, pero algunas veces no comprendo tus palabras ni la razón de tus acciones. Algunas veces quiero que no escuches mis palabras, sino mi corazón y que no veas mis duros movimientos, sino la tristeza en mis ojos. El problema es que no sé si eres demasiado distraído o simplemente te niegas a ver lo que grita mi alma. No es mi intención causar tanto alboroto, te lo juro y sé que es complicado entenderme y soportar tanto odio de mi parte, sin embargo a pesar de exigir espacio lo que en realidad necesito es a alguien incondicional que se quede ahí; yo se que no pido poco, pero es lo único que imploro.

Otra cosa es que sé que a veces soy demasiado cariñosa o que me gusta estar pegada a tí todo el tiempo y pues no puedo pedir perdón, así soy y es algo que no puedo cambiar. Yo sé....más bien, me imagino...que llego a hartarte. Algunos besos no correspondidos me lo dicen. Entiendo que estás cansado o enojado y está bien...todos tenemos esos días, pero cuando yo me siento así intento que un beso, un abrazo o siquiera una mirada me reconforten y ¿sabes qué? si lo logran y me devuelven la sonrisa, pero en cambio tú...a veces siento que incluso te molesto y no quiero que eso pase. Me duele que me ignores o que parezca que tomes comentarios y acciones mías a la ligera siendo que cada cosa que hago por ti o te digo es sincera y viene del corazón aunque tu indiferencia me devuelve el comentario en un flechazo rudo que me lastima. Otra cosa que me molesta....no, que me entristece es precisamente el hecho de tu indiferencia en este caso para nuestras peleas. Sé que muchas (si no es que todas o la mayoría) las provoco por algún ataque mío de ira, pero también soy yo siempre la que tiene que hablar primero para arreglarlas, lo cual es justo siendo que yo las provoco, pero pues...a veces siento que no te importa; que si así fuera tu intentarías aunque sea entenderme, pero siempre mantienes la postura de que tú tienes la razón (si no me crees, mencióname una sola ocasión en la que según tú hayas aceptado tener la culpa). No te estoy culpando por todas las cosas, pero pues si hubieron momentos en los que tus acciones me molestaron y fui yo la que terminó pidiendo disculpas. Te escribo cosas largas y llenas de sentimientos, me tomo el tiempo suficiente para escuchar claramente lo que el corazón me dicta para que al final me robes toda la motivación a escribirte más cosas con respuestas tuyas tan sencillas y repetitivas. Tengo tanto que decir, pero las lágrimas no crean palabras y mucho menos los latidos del corazón...al menos ya no para mí. Discúlpame por este desahogo tan largo, discúlpame por no dejar que tú tomaras la iniciativa para resolver una pelea desde el principio, discúlpame por las palabras soberbias de este mensaje y sobre todo discúlpame por enamorarme de ti.

sábado, 2 de julio de 2011

(Helena) Capítulo III: Muchas Preguntas y Pocas Respuestas

-Pero no entiendo nada, hace menos de una hora me encontraba en mi época, todo estaba bien y ahora han pasado ya quince años. Toda la ciudad parece destruida e intentaron matarme –dije completamente desesperada. Mis manos se encontraban puestas firmemente sobre el escritorio del anciano al que llamaron Wissen hace un momento.

-Calma, Jessica. Comenzaremos a explicarte todo, pero antes debes prometernos que no saldrás de la mansión a menos que sea bajo mi permiso y con la supervisión de alguien –me dijo el señor Wissen con natural tranquilidad.

Suspiré y miré la habitación tratando de relajarme. Parecía un estudio común; lleno de libros y pinturas que a mi parecer eran horrendas.

-Me dijeron que estoy en el Limbo ¿qué hago aquí? –pregunté alejándome unos pasos del escritorio y de forma más calmada.

-Lo que voy a decirte es muy probable que te confunda y seguramente lo negarás, sin embargo debo decírtelo –respondió el anciano con un semblante más serio y con las manos recargadas sobre el escritorio, una sobre otra –moriste hace quince años, Jessica.

-¿Qué yo qué! –pregunté completamente sorprendida y asustada. El maestro Wissen había acertado, me encontraba confundida –No puede ser posible, no recuerdo haber muerto. ¡Salí de mi casa hace apenas 20 minutos! –el hombre había vuelto a acertar. No lo aceptaba, no podía. Era imposible que estuviera muerta.

-Geist te explicará eso. Es su deber como tu tutor –continuó el anciano mirando al chico que se encontraba a mi lado.

-¿Qué yo seré qué! –preguntó el chico y por unos instantes una expresión de asombro y fastidio se asomó en su rostro, pero enseguida su inmutable expresión regresó con un suspiro –como usted ordene, maestro Wissen.

Wissen no mostró reacción alguna ante la respuesta de Geist. Su decisión también me había molestado; Geist y yo no habíamos empezado bien y no quería imaginarlo de tutor, pero ¿tutor de qué?

-Uhm…maestro Wissen, ¿cómo que morí hace quince años? ¿Por qué él será mi tutor? ¿Y por qué no puedo salir? –pregunté sin detenerme a recibir la primera respuesta. Estaba demasiado confundida.

-La primer y tercer pregunta se relacionan. Verás, tu muerte fue debido a un suicidio y le tomó 15 años a tu alma llegar hasta aquí. Ahora Minos te busca para enviarte al Bosque de los Suicidios en el séptimo círculo del infierno: Violencia. Si sales, sus siervos te cazarán y llevarán ante él. Son los miembros de la Abgrund y conociste a uno de ellos hace un rato –Wissen se mostraba serio y seguro de sus palabras. No podía creerle, más esto no parecía una broma.

-Debo estar soñando. Nada de esto existe. Todo es una creencia religiosa y ahora yo lo estoy soñando. Debo segui r en mi cama. Nada de esto es real –respondí incrédula a todo lo que me habían dicho.

Ambos me miraron con seria expresión y Geist tocó el rasguño que había sufrido mi sudadera a causa del balazo.

-Sangre –dijo fríamente –nadie sangra en sueños.

Toqué mi brazo. Noté que dolía, pero ¿cómo? Estaba muerta. ¿Cómo podía sentir siquiera dolor? Volví a mirarlos. Esto no podía ser de verdad. Gruesas lágrimas invadieron mis ojos y después rodaron por mis mejillas. No lo soporté y salí corriendo del estudio. Sólo escuché a Wissen decir “ve por ella, Geist, hay que protegerla”.

miércoles, 29 de junio de 2011

(Helena) Capítulo II: La Resistencia

¿Qué hacer? ¿Acaso estaba soñando? Pero todo era tan real y no se sentía como si estuviera dormida. Comencé a caminar distraídamente sin dirección alguna tratando de buscar una lógica a todo, cuando un cuchillo paso rozando mi brazo y provocando un corte en mi chamarra. Volteé al instante y un hombre de barba café, de alta estatura, lentes oscuros y gabardina y sombrero negro, me apuntaba con una pistola.

-¿Quién eres? –le pregunté asustada.

-La número 13 de la semana –respondió de forma seca mientras accionaba su arma. Todo ocurrió en cámara lenta. Vi la bala salir del arma perseguida por una nube consecuente de la velocidad del disparo. Cerré los ojos. Tic tac tic tac, mi reloj mental seguía sonando y no sentía nada. Me decidí a abrir los ojos y otra silueta vestida de negro y con una gabardina se encontraba frente a mí con espada en mano. La bala se encontraba en el suelo, aún caliente, partida a la mitad.

-Esto es territorio de la Resistencia. No busques víctimas aquí –era un chico el que se encontraba frente a mí. De unos 20 años, no más. También era alto y de cabello negro. Su voz era algo profunda y poseía un toque de misterio y seducción en ella.

El hombre que me había atacado hace un momento dio media vuelta y salió corriendo. Pude notar nerviosismo en su movimiento al dar la vuelta.

El chico volteó hacia mí y su mirada penetraba en la mía de forma severa y muy fría. Sus ojos tenían un tono muy extraño entre azul y verde. Encantaban, pero también paralizaban. Era pálido y sus facciones finas. Su cabello negro le llegaba hasta las cejas y brillaba con el sol que yacía escondido tras las nubes. Su playera y su pantalón eran del mismo color de su gabardina y cabello. No se veía musculoso, pero su espalada era un poco ancha y sus venas se marcaban ligeramente en sus brazos denotando que sí poseía fuerza suficiente. Usaba guantes de piel que se cortaban a la mitad de sus dedos y en cinturón que llevaba, su espada y dos pistolas reposaban.

-Pero que inútil eres, no pudiste ni siquiera intentar defenderte. No sobrevivirás aquí.

-Pero yo…

-Camina, tenemos que irnos antes de que más sorpresas aparezcan por aquí –dijo interrumpiéndome de una manera muy altanera. Pasó a mi lado y se siguió de largo. Yo lo seguí en silencio sin atreverme a cruzar otra palabra con esa mirada tan intimidante.

Después de unos minutos, llegamos a una gran mansión. En mi época, era el hogar de un poderoso político, pero ahora estaba en ruinas y sin señales de vida. Todo estaba destruido por dentro, entonces el chico me llevó al sótano. Ahí, una puerta secreta se abrió detrás de la enorme caldera y entramos.

Era un lugar bien decorado, una especie de sala de estar. Había muchas personas. La mayoría con gabardina negra y vestida de forma similar a mi salvador.

-Geist…la has encontrado –dijo un hombre canoso de expresión amable. Usaba anteojos y era de los pocos vestidos de frak en ese lugar.

-Y ya se encontraba en compañía de un miembro de la Abgrund –contestó el chico realizando una pequeña reverencia.

-A tiempo como siempre, Geist. Ni más ni menos –le dijo el anciano mientras sonreía de forma ligera al chico.

-Sólo cumplo órdenes, maestro Wissen.

-Disculpen, ¿pero alguien podría explicarme lo que pasa? –me atreví a preguntar y el anciano se acercó a mí sonriendo.

-Claro que sí, Jessica. Pero pasemos los tres a mi estudio. Ahí podremos explicarte todo con tranquilidad.

-Pero díganme, ¿dónde estoy, en el futuro? –pregunté ansiosa mientras caminaba detrás de ellos hacia el estudio.

-Es una dimensión alterna. Nosotros le llamamos Vorhölle o Limbo –respondió Geist. Fue como un golpe en la cabeza o un cubetazo de agua fría. Su respuesta me paralizó.

lunes, 27 de junio de 2011

(Helena) Capítulo I: Futuro(?)

Fecha: 3 de Marzo de 2005

Salí de casa de la casa azotando la puerta. Otra discusión más debido a mi extraño gusto de vestir y de mi música tan supuestamente extraña. Me puse los audífonos y puse el iPod en aleatorio, la primera canción fue 21 Guns de Green Day. Cerré los ojos y me detuve por un momento. Entré en un pequeño callejón que se encontraba por ahí y me recargué en la pared. En seguida, una pregunta vino a mi mente: ¿Y si todo el mundo despareciera y quedara simplemente yo? Abrí lentamente los ojos y me quedé mirando hacia la nada mientras pensaba en esa pregunta. De la pequeña mochila de donde había sacado mi reproductor de música saqué también un cuchillo y lo mira fijamente, su navaja brillaba intensamente a pesar del nublado de día que había. En cuanto miré la hoja de aquella arma blanca las imágenes comenzaron a llegar a mi cabeza.

-¿Por qué no le hablas a nadie en la escuela?

-Son todos una bola de cretinos.

-Pero hija, a pesar de que nos enorgullecen tus calificaciones, tu padre y yo creemos que deberías tener un poco más de vida social.

-¿Y ser como ellos? No gracias.

-Tal vez si cambiaras un poco tu forma de vestir y de maquillarte, la gente se acerque a ti.

-¿Me estás diciendo rara, mamá?

-Claro que no, sólo digo que deberías buscar amigas para que platiquen de ropa y chicos. Es lo que hacen las niñas de tu edad, cariño.

-Mira, mamá…en primer lugar, no soy una niña, acabo de cumplir los 18 años y en segunda… ¿ropa y chicos! No soy de esa clase de “niñas”. Son temas patéticos.

Regresé a la realidad y volví a mirar la cuchilla. Nunca he matado o lastimado si quiera a una persona o un animal y no quiero hacerlo, sin embargo, un enorme deseo de desahogo me dice que la única forma de tranquilizarme es viendo a los demás sufrir en cuerpo lo que yo sufro en mente. Cerré los ojos de nuevo. Sentí un enorme mareo y un escalofrío recorrer mi cuerpo de pies a cabeza. Abrí de nuevo los ojos, pero lo hice con miedo, como si al hacerlo fuera a…morir.

Sentí algo muy curioso en el ambiente, así que de forma precavida salí del callejón, todo estaba lleno de papeles, los edificios y los pocos autos que se encontraban por ahí estaban llenos de marcar de balazos y de marcas de sangre. Mi mano se deslizó por unas balas clavadas en la pared. Fue aterrador. Pude escuchar gritos de pánico, balazos y lloriqueos. Es como si pudiera ver todo lo que había pasado en ese lugar. Retiré la mano enseguida y sin pensarlo dos veces me dirigí a mi casa. La puerta estaba abierta.

Todo el lugar estaba desordenado, había papeles por todas partes y apestaba a que algo llevaba podrido ahí varios días. Entré a la cocina que era la habitación más próxima a la puerta. Había hojas de periódico regadas en el piso. Tomé una y leí el encabezado: “Ola de asesinatos y terrorismo en el estado de New Jersey”. ¿Qué demonios sucedía aquí? Tomé otra hoja y leí el encabezado nuevamente: “New Jersey: El estado más peligroso de América en tan sólo 15 años”. Arrojé la hoja del periódico cuando vi la fecha. 3 de Marzo de 2020. ¡En verdad habían pasado 15 años!

Introduciendo Helena

Bueno este es un song-fic por así decirlo ya que me insipiré en la canción Helena de My Chemical Romance aunque tambien me inspiré en otras como 21 Guns de Green Day. Lo curioso es que esta historia fue primero un sueño del que conocía el inicio y parte de la trama, pero ahora lo he desarrollado para hacerlo parecer más como un fic. Espero que lo aprecien...
♠Lustfully, the Black Rabbit♣


viernes, 18 de marzo de 2011

Somewhere else

"¿Podrás algún día tomarte las cosas en serio!" Sí, no es la primera ni la última vez que me lo dicen, pero estas palabras van siempre acompañadas de otras como: "¡Deja de estar pensando en estupideces!" o "¡Aterriza de una vez! ¿Estás idiota o qué te pasa?". No es que me enoje que me digan esas cosas, simplemente, me pone realmente triste ya que, bueno, siempre ando pensando en cosas sin importancia y no me enfoco en buscar lo que algunas personas llaman "Gloria", y se habrán dado cuenta ya, que no estoy escribiendo tan bien o tan mal como suelo hacerlo, lo lamento, mi mente apenas puede ordenar las palabras en este momento, pero continuemos, pues lo que quiero escribir es algo extenso o tal vez algo muy corto, pero eso sí, de mucha relevancia para mi desahogo.

Cielo. Heaven. Seligkeit. En distintos idiomas, pero la misma palabra. Es un lugar en el que creo definitivamente. Un lugar en el que descansamos y vivimos para siempre disfrutando de todo aquello que siempre anhelamos. El mío, por ejemplo, a pesar de continuar en este mundo sé como es; un castillo blanco de altas torres que acarician el cielo siempre azul, siempre nublado. Ahí, detrás de esas paredes me encuentro yo, ya sea en la sala del trono, de mi habitación o de un gran salón. Siempre sonriendo, siempre bailando. Algunas veces me da por salir de las seguras paredes de mi hogar para encontrarme con un mundo lleno de alegría allá afuera: tdos mis sueños y deseos conviviendo en armonía. Que bien se sentía ver todo eso así que continúo caminando y me encuentro con más sorpresas que vuelven a ese día en uno muy especial, sin embargo, no todo es alegría, hay un momento en el que todo aquello que era bueno se desvanece y yo, de ser tan ligera como el aire, me vuelvo de plomo y tomo una apariencia vulnerable: un conejo. Al abrir los ojos, miro mi bello mundo destruido y lleno de odio y tristeza. Intento consolar a mis propios sueños, pero me temo que soy traslúcida para todos y para todo. Es una condena ver a tus sueños romperse y después observar como mueren en soledad.

Es así como yo me siento. Soy una persona alegre y feliz, pero de un momento a otro gracias a las palabras y acciones de oras personas, me rompo por dentro y mis iluciones mueren poco a poco; ese pequeño conejo que vive dentro de mí se transforma así pues, en una bestia osura y sin piedad que me pisotea aún más y carboniza lo que queda de mis deseos. Podría llamarle simplemente con el nombre de "monstruo" o "bestia", pero prefiero el nombre de "orgullo". ¿Mi mayor problema? Este orgullo ha dominado gran parte de mi mundo y reina en él con puño de hierro. La ayuda llega de otros corazones, pero el ejército de la bestia es aún más poderoso y siempre sale victorioso de cada encuentro, de cada mano amiga que le es ofrecida. El problema es que el monstruo se hace cada vez más y más grande, alimentado por los malos comentarios y las malas miradas.

¿Y qué más puedo decir? Mientras la bestia llamada Orgullo y mi otro yo continúen en fuerte disputa por el trono, seguiré alternando mi carácter y mis desiciones esperando a que alguna de las dos partes se decida a dejar gobernar al otro y así poder tener...tan sólo un poco de paz.



martes, 8 de marzo de 2011

Yin & Yang

Capítulo I

-Uno, dos...ya, Anemone, solamente hazlo. Uno, dos..-la chica se retractó. Miró hacia la inmensa nada de aquel acantilado, soltó un suspiro y después observó el cielo. Era azul como siempre en aquella época primaveral, pero Anemone lo recordaba de mil colores, lleno de escencias y formas, y allá, al fondo de su visión había un gran árbol que daba una sombra deliciosa y entonces otra sombra aún más grande que la de este roble cubrió todo el campo y la visión se desvaneció a causa de una lágrima que se escapó de sus ojos. Anemone regresó a la realidad y en silencio, sintió como esa gota de recuerdo zurcaba su mejilla lentamente, para caer junto a sus pies y romper con la armonía que reinaba en el lugar. El tiempo pareció detenerse por un instante y el viento corrió salvajemente por el lugar haciendo que el vestido y cabello de la chica se movieran con los acordes de este fenómeno. Y esta vez no contó, simplemente colocó un pie frente al otro y se dejó ir. Cerró los ojos y sintió el aire acariciar sus facciones de manera brusca, pero entonces otra sensación la distrajo: alguien le abrazaba. Abrió sus ojos y notó que se encontraba entre los brazos de un chico, vestido de uniforme color negro, parecía ser un soldado o un oficial de algún tipo. Él la miró con reproche y entonces se estrellaron contra el suelo, cayendo primero el chico, para así, poder proteger a Anemone. "Está muerto", pensó ella, pero un quejido del joven que se encontraba tendido en el piso debajo de la chica le indicó que se equivocaba.

-No debiste saltar de ahí, fue una hazaña muy peligrosa -respondió el chico al notar el gesto sorpresiva de Anemone.

-¿Cómo sobreviviste a un golpe así? -preguntó la chica haciendo caso omiso del comentario anterior.

-Sería interesante contarte -respondió nuevamente el chico con una ligera sonrisa llena de enigmas en su rostro.
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