Capítulo I
-Uno, dos...ya, Anemone, solamente hazlo. Uno, dos..-la chica se retractó. Miró hacia la inmensa nada de aquel acantilado, soltó un suspiro y después observó el cielo. Era azul como siempre en aquella época primaveral, pero Anemone lo recordaba de mil colores, lleno de escencias y formas, y allá, al fondo de su visión había un gran árbol que daba una sombra deliciosa y entonces otra sombra aún más grande que la de este roble cubrió todo el campo y la visión se desvaneció a causa de una lágrima que se escapó de sus ojos. Anemone regresó a la realidad y en silencio, sintió como esa gota de recuerdo zurcaba su mejilla lentamente, para caer junto a sus pies y romper con la armonía que reinaba en el lugar. El tiempo pareció detenerse por un instante y el viento corrió salvajemente por el lugar haciendo que el vestido y cabello de la chica se movieran con los acordes de este fenómeno. Y esta vez no contó, simplemente colocó un pie frente al otro y se dejó ir. Cerró los ojos y sintió el aire acariciar sus facciones de manera brusca, pero entonces otra sensación la distrajo: alguien le abrazaba. Abrió sus ojos y notó que se encontraba entre los brazos de un chico, vestido de uniforme color negro, parecía ser un soldado o un oficial de algún tipo. Él la miró con reproche y entonces se estrellaron contra el suelo, cayendo primero el chico, para así, poder proteger a Anemone. "Está muerto", pensó ella, pero un quejido del joven que se encontraba tendido en el piso debajo de la chica le indicó que se equivocaba.
-No debiste saltar de ahí, fue una hazaña muy peligrosa -respondió el chico al notar el gesto sorpresiva de Anemone.
-¿Cómo sobreviviste a un golpe así? -preguntó la chica haciendo caso omiso del comentario anterior.
-Sería interesante contarte -respondió nuevamente el chico con una ligera sonrisa llena de enigmas en su rostro.
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-Uno, dos...ya, Anemone, solamente hazlo. Uno, dos..-la chica se retractó. Miró hacia la inmensa nada de aquel acantilado, soltó un suspiro y después observó el cielo. Era azul como siempre en aquella época primaveral, pero Anemone lo recordaba de mil colores, lleno de escencias y formas, y allá, al fondo de su visión había un gran árbol que daba una sombra deliciosa y entonces otra sombra aún más grande que la de este roble cubrió todo el campo y la visión se desvaneció a causa de una lágrima que se escapó de sus ojos. Anemone regresó a la realidad y en silencio, sintió como esa gota de recuerdo zurcaba su mejilla lentamente, para caer junto a sus pies y romper con la armonía que reinaba en el lugar. El tiempo pareció detenerse por un instante y el viento corrió salvajemente por el lugar haciendo que el vestido y cabello de la chica se movieran con los acordes de este fenómeno. Y esta vez no contó, simplemente colocó un pie frente al otro y se dejó ir. Cerró los ojos y sintió el aire acariciar sus facciones de manera brusca, pero entonces otra sensación la distrajo: alguien le abrazaba. Abrió sus ojos y notó que se encontraba entre los brazos de un chico, vestido de uniforme color negro, parecía ser un soldado o un oficial de algún tipo. Él la miró con reproche y entonces se estrellaron contra el suelo, cayendo primero el chico, para así, poder proteger a Anemone. "Está muerto", pensó ella, pero un quejido del joven que se encontraba tendido en el piso debajo de la chica le indicó que se equivocaba.
-No debiste saltar de ahí, fue una hazaña muy peligrosa -respondió el chico al notar el gesto sorpresiva de Anemone.
-¿Cómo sobreviviste a un golpe así? -preguntó la chica haciendo caso omiso del comentario anterior.
-Sería interesante contarte -respondió nuevamente el chico con una ligera sonrisa llena de enigmas en su rostro.
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