¿Qué hacer? ¿Acaso estaba soñando? Pero todo era tan real y no se sentía como si estuviera dormida. Comencé a caminar distraídamente sin dirección alguna tratando de buscar una lógica a todo, cuando un cuchillo paso rozando mi brazo y provocando un corte en mi chamarra. Volteé al instante y un hombre de barba café, de alta estatura, lentes oscuros y gabardina y sombrero negro, me apuntaba con una pistola.
-¿Quién eres? –le pregunté asustada.
-La número 13 de la semana –respondió de forma seca mientras accionaba su arma. Todo ocurrió en cámara lenta. Vi la bala salir del arma perseguida por una nube consecuente de la velocidad del disparo. Cerré los ojos. Tic tac tic tac, mi reloj mental seguía sonando y no sentía nada. Me decidí a abrir los ojos y otra silueta vestida de negro y con una gabardina se encontraba frente a mí con espada en mano. La bala se encontraba en el suelo, aún caliente, partida a la mitad.
-Esto es territorio de la Resistencia. No busques víctimas aquí –era un chico el que se encontraba frente a mí. De unos 20 años, no más. También era alto y de cabello negro. Su voz era algo profunda y poseía un toque de misterio y seducción en ella.
El hombre que me había atacado hace un momento dio media vuelta y salió corriendo. Pude notar nerviosismo en su movimiento al dar la vuelta.
El chico volteó hacia mí y su mirada penetraba en la mía de forma severa y muy fría. Sus ojos tenían un tono muy extraño entre azul y verde. Encantaban, pero también paralizaban. Era pálido y sus facciones finas. Su cabello negro le llegaba hasta las cejas y brillaba con el sol que yacía escondido tras las nubes. Su playera y su pantalón eran del mismo color de su gabardina y cabello. No se veía musculoso, pero su espalada era un poco ancha y sus venas se marcaban ligeramente en sus brazos denotando que sí poseía fuerza suficiente. Usaba guantes de piel que se cortaban a la mitad de sus dedos y en cinturón que llevaba, su espada y dos pistolas reposaban.
-Pero que inútil eres, no pudiste ni siquiera intentar defenderte. No sobrevivirás aquí.
-Pero yo…
-Camina, tenemos que irnos antes de que más sorpresas aparezcan por aquí –dijo interrumpiéndome de una manera muy altanera. Pasó a mi lado y se siguió de largo. Yo lo seguí en silencio sin atreverme a cruzar otra palabra con esa mirada tan intimidante.
Después de unos minutos, llegamos a una gran mansión. En mi época, era el hogar de un poderoso político, pero ahora estaba en ruinas y sin señales de vida. Todo estaba destruido por dentro, entonces el chico me llevó al sótano. Ahí, una puerta secreta se abrió detrás de la enorme caldera y entramos.
Era un lugar bien decorado, una especie de sala de estar. Había muchas personas. La mayoría con gabardina negra y vestida de forma similar a mi salvador.
-Geist…la has encontrado –dijo un hombre canoso de expresión amable. Usaba anteojos y era de los pocos vestidos de frak en ese lugar.
-Y ya se encontraba en compañía de un miembro de la Abgrund –contestó el chico realizando una pequeña reverencia.
-A tiempo como siempre, Geist. Ni más ni menos –le dijo el anciano mientras sonreía de forma ligera al chico.
-Sólo cumplo órdenes, maestro Wissen.
-Disculpen, ¿pero alguien podría explicarme lo que pasa? –me atreví a preguntar y el anciano se acercó a mí sonriendo.
-Claro que sí, Jessica. Pero pasemos los tres a mi estudio. Ahí podremos explicarte todo con tranquilidad.
-Pero díganme, ¿dónde estoy, en el futuro? –pregunté ansiosa mientras caminaba detrás de ellos hacia el estudio.
-Es una dimensión alterna. Nosotros le llamamos Vorhölle o Limbo –respondió Geist. Fue como un golpe en la cabeza o un cubetazo de agua fría. Su respuesta me paralizó.
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